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Los 8 requisitos que como buen inquilino debes cumplir

Quieto ahí, que tenemos que explicarte algo. Antes de entrar en tu nueva casa debes recitar esta letanía: estoy viviendo de alquiler, y debo ser responsable. No cruces el umbral de la puerta hasta que estas palabras se adhieran a tu piel, hasta que al cerrar los ojos veas la frase parpadeando en la oscuridad.

1. Cuida la casa como si fueras el dueño

Justo a lo que nos referíamos antes: aunque no seas el dueño real de la propiedad, tendrás que prodigarle el cariño que le dispensarías a la tuya. Evita causar daños; los desperfectos que hayas provocado por puro descuido después te pasarán factura. Una factura en forma de depósito perdido. ¿Te acuerdas del deposito que entregaste antes de poner un pie en la casa? Pues no volverás a verlo jamás si dejas la vivienda como si la hubiese sacudido un terremoto.

2. No te saltes las mensualidades de la renta

La puntualidad suiza se premia y los retrasos se castigan. Aquí tienes que ser cumplidor, compañero. Olvídate de los atrasos. Lo más recomendable cuando llegue final de mes es que tengas preparado el pago de la renta. Las demoras en estas remuneraciones equivalen a que tu nombre figure en una lista negra de la que cuesta salir.

3. Comunica según qué reparaciones

Algunas reparaciones tienen que pactarse con el propietario, y debes anunciárselas con antelación. Resulta impensable que empieces a tirar paredes sin hablarlo antes con el dueño. Recuerda: no es tu casa. Sin embargo, no estaríamos hablando de reparaciones. Son más bien obras. Si tienes en mente un plan de reformas que modifique el interior del inmueble, por favor, házselo saber al propietario. Necesitas su aprobación. ¿Quién sabe? Igual te hace algún descuento en la renta si lo que planteas es de su agrado. Ánimo, futuro Norman Foster.

4. Paga las averías que has ocasionado

Para continuar por el camino trazado en el primer y último consejo, abordaremos el tema de las averías. Pero esta vez nos referimos a las averías auténticas, pequeños daños que hayas producido tú mismo. Son esos los que tendrás que enmendar pagándolos de tu propio bolsillo; no creas que el dueño acudirá en tu socorro cada vez que rompas la llave del chorro.

5. Evita armar ruido

Este es uno de los aspectos más polémicos en la convivencia entre vecinos. De ahí que se crearan leyes que regulen los ruidos u otras manifestaciones que alteren la paz vecinal por lo que si los decibeles suben demasiado durante la fiesta que celebrarás en breve, el dueño podrá tomar medidas drásticas. Vigila el volumen o ruidos que proceda de tu casa, que no vives en el campo, recuerda que mucho vecinos podrian estar haciendo home office o conferencias en linea.

6. Respeta la duración del contrato

Debemos evitar las cláusulas abusivas que figuran en un contrato de alquiler, ya dijimos que el arrendador debe amoldarse a los límites legales: no puede exigir que permanezcas en su casa por mas o menos tiempo que el contratado. Eso sí: más te vale que tengas presente ese periodo de tiempo. Antes no podrás irte si quieres conservar el deposito que tanto te costó reunir y que ahora tirarás por la borda. Pórtate bien y lee el contrato, futuro inquilino.

7. Paga los servicios

Las mensualidades de la renta no acostumbran a llegar solas. Suelen ir de la mano de unas facturas que se corresponden a los servicios que te permiten llevar una vida decente. El agua, la luz, la seguridad… Todos estos Servicios tan básicos deben abonarse. De lo contrario, te los cortarán para que vivas a oscuras, para que no puedas ducharte y para que sufras restricciones en la residencial. Una retraso en esos pagos puede transportarte hasta la era del Homo erectus; será como si te confinaran en una cueva de hace 70.000 años. Y haznos caso: no deseas ese modo de vida.

8. Llévate bien con el propietario

¿Alguna vez has buscado la palabra “pesadilla” en el diccionario? Entonces hazlo. Verás que en una de sus acepciones, aparece una frase que dice algo así: llevarse mal con el propietario de la vivienda en la que uno vive de alquiler. Mantener una mala relación con el propietario puede acabar siendo una tortura. Nunca encontrarás un buen momento para llamarlo por teléfono, vuestras conversaciones derivarán en discusiones, no vas a querer verlo ni en pintura. En definitiva: esa situación se dibujaría como el peor de los escenarios. Recuerda que la cordialidad es esencial, que sin el respeto mutuo no vamos a ningún lado y que hablando se entiende la gente.

Si sigues todos estos consejos, seguro que levantan un monumento en tu nombre.